El poder de la Oración Por Frank Díaz
La oración es un don, una capacidad que los seres humanos hemos adquirido, gracias a la evolución, y que nos distingue de otros animales. Una oración puede canalizar nuestras tensiones y frustraciones, impidiendo que nos envenenen por dentro; puede darle voz a nuestros anhelos y esperanzas, conduciéndonos a su mejor realización; puede servir para que nos corrijamos a nosotros mismos mediante una sugestión positiva. Transformada en rito, la oración puede convertir un momento común en un espacio mágico, convocando a un grupo de personas para que unan su intento en un mismo propósito. Es triste observar cómo los cristianos y otros creyentes usan sus oraciones de un modo egoísta, para pedirle beneficios personales al Ser Supremo. De hecho, el interés material está presente incluso tras las oraciones de "gratitud", pues estas, en el fondo, lo que buscan es que quedemos bien con los poderes superiores, a fin de que estos no tomen venganza de nosotros. En Anawak, la oración era empleada de un modo muy diferente. Han quedado cientos de oraciones y cánticos en los documentos que se salvaron de la barbarie de la invasión, pero en ninguno de ellos encontramos una rogativa hacia los "dioses". Las oraciones toltecas son gritos del alma, extasiada ante las maravillas de la Naturaleza y los poderes de la percepción. También hay oraciones de crisis interior, de desconcierto, duda, queja ante el rigor de la existencia; pero nunca se refleja en ellas un gesto de humillación frente a los poderes superiores. En el pensamiento tolteca, un dios que exige adulación no es dios, sino un peligroso demonio. Si el Ser Supremo lo sabe todo, entonces no hay que pedirle nada. Y, si somos tan cobardes que no podemos arreglar nuestros problemas por nosotros mismos, entonces, al menos, tengamos la discreción de quedarnos callados. Si vamos a orar, hagámoslo con el respeto que merece este maravilloso recurso; no contaminemos la oración. La oración recibe en nawatl el nombre de Ilwikatla’toa, palabra al cielo. Cielo significa, en este caso, "conciencia", pues, al recitar determinada frase, conjuro o palabra sagrada, ya sea en forma verbal o mental, estamos trayendo al plano de la conciencia lo que, hasta entonces, estaba oculto en nuestro subconsciente. Aseguran los cronistas que los antiguos mexicanos solían tener en sus casas una habitación reservada para la oración, en la cual se encerraban con frecuencia para hacer sus ejercicios espirituales. Había también oraciones con función social, que se expresaban en voz alta en los actos públicos y servían para expresar la unidad del pueblo. Algunas de ellas son empleadas en la actualidad, junto a otras de reciente creación, en los ritos del Templo de la Serpiente Emplumada. He aquí una muestra de ellas, expresadas tanto en lengua nawatl como en su traducción al español: |
|
|
Oración para el encendido del fuego Teteoinan teteoita,
Weweteotl tlalshikko onok, Credo tolteca Ka sa sen teotl
itoka
Ketsalkoatl. Atle kineki. Reconocimiento a los voceros de Ketsalkoatl Timasewaltin
nimitstlasokamati
Ketsalkoatl Confesión de los naguales Weyolistli atlakatl,
atlakatl yekoatl
kaktiwetsi, Confesión de Nesawalkoyotl Kin ok tlamati noyollo.
Nikkaki in kuikatl, Decreto de Nesawalkoyotl Inkan a’mikowa, Inkan ontepetiwa,
In ma onkan Juramento de los macehuales In nawalmekayotl
makawa
in Ketsalkoatl
yakana Acción de gracias Tlasokamati
tiyolchikaumoyokoya. Confesión de fe del macehual Ninotemachia Ketsalkoatl
wallau’. |
Madre y padre de los dioses,
dios anciano que moras
en el ombligo
Hay un Ser Divino,
su nombre
es
Serpiente Emplumada.
Nosotros, comprometidos
por tu
sacrificio,
te agradecemos,
La conciencia suprema
es impersonal.
La experiencia
de lo
impersonal
Por fin lo he comprendido: escucho el canto, veo la flor.
Allí donde no hay muerte,
allí
donde se alcanza la victoria
Con el permiso del linaje
de sabiduría
y la guía
de la
Serpiente
Gracias a los poderes
de la
percepción.
Creo en el regreso de la
Serpiente Emplumada. |