Toltequidad
Las enseñanzas de la Serpiente Emplumada

.


Ometeotl, Divina Uni-Dual-Trinidad

Por Frank Díaz
Tomado de "Los Mensajeros de la Serpiente Emplumada"


A pesar de que la creencia en la Santísima Trinidad es asociada con los cristianos, también la encontramos en otras religiones de la tierra. Los hindúes llaman a los tres aspectos divinos Brama, Vishnu y Shiva, el creador, el conservador y el destructor del Universo. Los budistas los consideran proyecciones de Buda Maitreya. Los egipcios los adoraban con los nombres de Amon, el padre, Isis, la madre, y Osiris, el hijo. Aun una religión tan monoteísta como la judía, tiene una trinidad formada por Yahvé, la Shekinah o sabiduría, y el Meshiah o mediador.

El origen de esta doctrina es psicológico, pues el número tres es el primero en que se trascienden lo par y lo impar, entrando propiamente en la esfera de la creación; además, expresa la mecánica del acto perceptual, compuesto de un sujeto, un objeto y una relación. En otras palabras: debido a nuestra conformación psíquica, nosotros desdoblamos el mundo para poder entenderlo. Es natural que las creencias de los pueblos reflejen tal estructura en su concepción de lo Divino.

Los antiguos mexicanos también concibieron a la Divinidad como una trinidad, y le dieron el nombre de Ometeotl. Ometeotl no era un dios personal, sino un principio trascendente que conciliaba todas las polaridades. Por su carácter sutil, fue ubicado en el ápice de la escala celeste: "Sabían los toltecas que los cielos son muchos, hay doce escalas. Allá vive el Dios verdadero, al que llamaban Ometeotl" (Informantes de Sahagún).

El nombre de Ometeotl es un compendio de las creencias toltecas. Los libros de divulgación suelen traducirlo como dios dual. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en las religiones bíblicas, la Toltequidad no admitía un dualismo radical; aquí no había cabida para un dios bueno en lucha permanente contra uno malo, ni un estado absoluto de oscuridad contra otro de absoluta iluminación. El Universo era visto como un campo integrado de fuerzas, y los símbolos empleados para representar a la deidad partían de un concepto de la armonía o conciliación de los opuestos.

Para entender el significado del nombre de Ometeotl, hemos de descomponerlo en sus elementos básicos. Se forma de Teotl, divino, más las raíces Om y E, sintetizadas en el numero Ome, dos. Así que, en primer lugar, los nahuaparlantes percibían en este nombre el sentido de divina dualidad, es decir, la fuerza polar que da forma al Universo. Esta dualidad, como aspecto creador específico de Ometeotl, recibía los nombres de Ometeku'tli y Omesiwatl, señor y señora de Ome.

Pero, según las reglas del nawatl, cuando dos términos se unen, el primero pierde su desinencia o sílaba final. Ello le ocurre al número Ome, el cual, al ser compuesto con otra palabra, se queda en Om u On, como vemos en los términos Ompoalli, cuarenta (literalmente, dos veintenas), Onyoal, dos noches, Ontetl, dos objetos, etcétera. De modo que, un concepto como el de “dios dual”, se diría propiamente en esta lengua Onteotl, a menos que se quiera enfatizar el significado de la sílaba E.

Ese sonido inicial Om u On designa, tanto en las lenguas del Viejo Mundo como en las indoamericanas, al número uno; lo vemos en el español Uno, el maya Hun, el quechua Oma y el inglés One. En nawatl llegó a significar un par de elementos y de ahí, adquirió, más tarde, el sentido de dualidad que designa al número Ome, dos. Sin embargo, la partícula Om, On, siguió expresando la idea de integración, formando términos como Ompowi, completo, entero, y Matlaktli-om-ei, trece (literalmente: diez en unidad con tres). Por lo tanto, en segunda instancia, el nombre de Ometeotl contenía, para sus creyentes, un sentido de unidad que fue divinizado con el nombre de Senteotl, divina unidad.

Por último, llegamos a la raíz E, cuyo significado es tres. Esta raíz adquiere un sonido demarcativo "i", y se pronuncia Ye, Ei o Yei, según vaya antecedida de vocal, termine la palabra o aparezca aislada. En el dialecto pochuteco, el tres se dice Eiom y se forma por combinación de la raíz E con el nombre del dos, Om, lo cual enfatiza su significado. En este caso, ocurre lo contrario que en la composición nawatl Omei, dos-tres o dual trinidad.  De modo que, el tercer significado de Ometeotl, era trinitario o relativista.

También en este caso, los tres aspectos de Ometeotl recibieron nombre propio, tal como vemos en la siguiente información proporcionada por un sacerdote mexica: "Omeyocan: este es como si dijésemos la causa primera, por otro nombre llamado Ometeotl, que es tanto como Señor de Tres Dignidades... (cuyos aspectos son) Olomris, Hivenavi y Nipaniuhca" (Códice Vaticano 3738 f. 17). Aunque fueron escritos con una ortografía bárbara, podemos reconstruir los sentidos de esos nombres, que son los siguientes:

  • Olomris (Oloni), de quien mana la existencia.
  • Hivenavi o Iwinawi, el dispensador de dicha.
  • Nipaniuhca o Nepaniu’ka, el que media o sintetiza.

Esta cita no sólo describe a la trinidad mesoamericana en forma esquemática; al aplicar un nombre específico a cada uno de sus aspectos, deja fuera de duda que los mexicas y demás pueblos nahuaparlantes entendían a Ometeotl en un sentido trino.

Vemos, pues, que Ometeotl no significa dios dual, a secas, sino algo mucho más complejo: divina uni-dual-trinidad. Es por ello que, a pesar de que hubiera resultado muy fácil escribir este nombre mediante la unión de los glifos Ome, dos, y Teotl, divino, los mesoamericanos prefirieron representarlo mediante un triángulo con el glifo de “nudo” en su interior , que expresa la integración.

En concordancia con esta interpretación, las fuentes nativas aluden al Supremo mediante el número tres. Vemos algunos ejemplos: "Cuando los dioses quisieron hacer el Sol, hicieron penitencias para merecerlo, ofreciendo a los Tres Grandes perlas preciosas, incienso y otras cosas muy ricas" (Teogonía e Historia de los Mexicanos).

"Toda sangre (generación humana) llega al lugar de su reposo, como llegó a su poder y a su trono. Medido esta el tiempo en que podamos alabar la magnificencia de Los Tres, y medido el que encontremos la protección del Sol." (Chilam Balam de Chumayel)

"He aquí cómo existía el Cielo y el Corazón del Cielo, que tal es el nombre de Dios. Estaba cubierto de plumas verdes y azules, por eso se le llama Serpiente Emplumada… Su primer nombre es Relámpago, el segundo Huella Sutil del Relámpago, y el tercero, Rayo que Golpea. Los tres son el Corazón del Cielo" (Popol Vuh I.1,2).

Los quichés personificaron la trinidad con los nombres de Tohil, hacedor de lluvia, Havilix, sembrador, y Hacavitz, señor del fuego (vital). El Popol Vuh especifica que Tohil es el Ketsalkoatl de los yaquis o mexicas, lo cual indica que, a pesar de sus diversos nombres, en verdad se refieren al mismo ser: "¡Grande era su triple naturaleza! En verdad, Tohil es el mismo dios de los yaquis, cuyo nombre es Yolcuat Quizalcuat ('serpiente oscura y serpiente emplumada')." (Popol Vuh III.4,9)

Como era de esperar, la concepción de la deidad como una trinidad quedó reflejada en la cosmogonía. Los mesoamericanos dividían el Universo en tres planos: cielo, tierra e inframundo, llamados respectivamente Topan, lo que nos excede, Tlaltikpak, sobre la tierra, y Miktlan, mundo de los muertos. Cada uno de esos planos se trifurcaba infinitamente, generando un mundo de objetos trinos en constante evolución, tal como vemos en el mural del Templo de la Agricultura, en Teotihuacan.

A través del diseño cosmogónico, la doctrina de Ometeotl influyó también en la concepción del fenómeno mesiánico, entendido como la triple manifestación de un mismo poder. Por ejemplo, en la siguiente imagen del Códice Nuttall, el descenso de los voceros se representó como tres guerreros que caen desde el cielo de Venus, portando cada uno de ellos en su mano derecha un escudo y tres flechas (emblemas de la unidad y la trinidad), mientras que con la izquierda lanzan hacia la tierra sus respectivos atributos: la piedra, el rayo y el agua, que equivalen a los elementos alquímicos de tierra, fuego y agua, con los cuales se realizó la creación. Además, la figura de la izquierda es el portador de la palabra (el aire).

En el antiguo Perú (una civilización que, por sus relaciones con Anawak, puede arrojar mucha luz sobre algunos aspectos de la Toltequidad) la creencia en Ometeotl, a quien llamaban Illapa, rayo, dio origen a una doctrina similar. Un autor la describe así:

"En oposición a los objetos complementarios, o Yanantil, (los  incas) conceptuaron también como sagrado todo aquello que estaba sólo o era único, Ch’ulla… La conjunción de ambos elementos simbólicos, par e impar, representaba el todo único que estructuraba el orden del Universo. Este todo estaba representado por el signo de los tres escalones, en el cual los tres espacios configurados en su forma representaban las tres dimensiones mayores, entre las cuales consideraban interactuaban los flujos de energía vital que hacían posible la interrelación entre los hombres y lo divino." (F. Salazar, Cuzco y el Valle sagrado de los Incas)