Toltequidad
Las enseñanzas de la Serpiente Emplumada

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El Libro Sagrado de Anawak

Por Frank Díaz


Las religiones de la tierra se pueden clasificar en dos grupos: las populares y las llamadas "religiones del libro". Las primeras se basan en tradiciones orales no codificadas, mientras que las segundas poseen un libro o conjunto de libros de carácter sagrado, en el cual se exponen, de modo explícito, los principios de la fe.

Las religiones del libro más conocidas son el judaísmo, basado en la Torah o Antiguo Testamento; el cristianismo, basado en el Nuevo Testamento; el Islam, cuyo texto sagrado es el Corán; el hinduismo, basado en la autoridad de los Vedas; el budismo, cuyo canon es el Tripitaka; el taoísmo, codificado en el Tao Te King y el confucianismo, basado en las Analectas de Confucio. Hay otras religiones del libro menos conocidas, tales como el shikismo, cuyo libro santo es el Grihan; la Fe Bahaí, inspirada en las obras del profeta Baha'ulla'; la religión de los drusos, cuyo misterioso libro no ha sido leído por ninguna persona de otra fe; y el mormonismo, cimentado en la autoridad del Libro de Mormón. Probablemente, el menos conocido de los libros sagrados de la tierra es Teomoshtli, libro divino, el documento donde quedó codificada la fe de los toltecas.

El nombre del Teomoshtli deriva de los términos nawatl Teotl, divino, y Amoshtli, libro. Su origen fueron diversas tradiciones existentes en Anawak, las cuales se integraron hacia el tercer milenio antes de Cristo, dando lugar a la cosmovisión de los olmecas, hoy conocida como Toltekayotl, toltequidad. En el año 34 antes de Cristo, un sabio llamado Weman, morador de la ciudad de Wewetlapallan (emplazamiento olmeca cercano a la actual ciudad de Minatitlan, en Veracruz), puso esas tradiciones por escrito en un códice, que desde entonces se transformó en la Biblia de México. He aquí cómo describe un cronista dicho suceso:

"Quiero hablar del anciano Hueman, astrólogo y profeta, quien a la edad de casi trescientos años se sintió morir. Y reuniendo todas las historias que tenían los toltecas desde la creación del mundo hasta su tiempo, las hizo escribir en un libro donde se relataban todos sus trabajos y prosperidades, la vida de sus reyes, sus leyes y buen gobierno… Escribió todas las sentencias de la antigua sabiduría, las metáforas y la filosofía, y todo lo que en su tiempo se sabía de astrología, arquitectura y artes secretas. Y, tras hacer un compendio de todo, selló el libro y lo intituló Teo Amoxtli" (Cita resumida de Fernando Ixtlilxochitl, Relaciones I).

Según una cita del investigador italiano Lorenzo Boturini, basada en documentos que él poseía y hoy se han perdido, el contenido del Teomoshtli se remontaba a las épocas en que fue poblado el continente americano, razón por la cual los mayas le llamaron El Libro de las Siete Generaciones (es decir, de los orígenes):

"Aquel gran libro que llamaron Teoamoxtli, en el cual, con distintas figuras se dio razón del origen de los indios, de cuando se dividieron sus gentes en la confusión de las lenguas, de sus peregrinaciones en el Asia, de las primeras ciudades y pueblos que tuvieron en América, de la fundación del imperio de Tula y de los arcanos de la sabiduría vulgar, escondidos entre los jeroglíficos de los dioses" (Idea de una nueva historia general de la Nueva España).

Algo que diferencia al Teomoshtli de la mayoría de los libros sagrados del Viejo Mundo, es que no se le consideraba inspirado directamente por un dios (pues los mesoamericanos no creían en la existencia de un dios personal), sino como el producto de la acumulación de iluminaciones individuales de decenas de sabios, durante muchos siglos de desarrollo de las ideas toltecas. En consecuencia, el Teomoshtli no era invocado como la palabra final para dirimir los asuntos seculares y sagrados, sino como una guía espiritual que debía ser interpretada según los dictados de la propia conciencia.

Esta forma de entender al canon divino nos explica por qué Weman nunca terminó el Teomoshtli; por el contrario, lo dejó abierto, en espera de nuevos aportes, revisiones, síntesis y adaptaciones doctrinales; lo cual propició que su contenido fuera creciendo con el tiempo, hasta llegar a ser un volumen enorme (la última copia conocida era un códice de casi un metro de alto y un palmo de grueso).

A partir de un comentario contenido en los libros de Chilam Balam, sabemos que, a semejanza de la Biblia, el Teomoshtli contenía diversas obras menores. He aquí la cita: "Entonces el sacerdote sacó el Libro de las Siete Generaciones para que lo leyeran los otros sacerdotes durante tres días, pasándolo entre ellos. Primero, Nahuat Xupan leyó el Libro de la Ceiba. Y estaba puesto el libro en el gran altar donde oraban los sacerdotes" (Chilam Balam, Katunes sueltos).

Otro de los textos de la colección se debe al propio Se Akatl Topiltsin, rey de Tula y último profeta de la Serpiente Emplumada, quien, en el año 999 de la era cristiana, hizo escribir su biografía y testimonio, según afirma un cronista: "Como ellos le pidieron un legado, ordenó registrar y darles en un libro todas sus palabras, consejos y canciones, así como sus hechos. Este permanece entre los viejos de Ocuituco hasta hoy, y es un libro grande como de cuatro dedos de grueso" (Cita resumida de Durán).

Otra nota de Boturini nos muestra que, dentro del Teomoshtli, también estaban los cánticos compuestos durante el siglo XV por Nesawalkoyotl y otros poetas del Altiplano: "Tengo de esta historia un libro manuscrito en lengua nahuatl, tejido con bellísimas figuras, caracteres y símbolos, y me quedan todavía unas diligencias que hacer en los Cantares, para hermosearla más" (Idea de una nueva historia general de la Nueva España).

De hecho, el Teomoshtli continuó recibiendo aportes incluso después de que los españoles invadieran México. Parece que su última adquisición fue el original Libro de Chilam Balam, del cual derivan las numerosas libretas conocidas en la actualidad.

Una nota debida a Fray Toribio Benavente Motolinía, uno de los primeros cronistas españoles, afirma que el Teomoshtli se dividía esquemáticamente en cinco secciones: "Había entre los naturales cinco libros (canónicos) de figuras y caracteres. El primero habla de los años y el tiempo. El segundo de los días y fiestas. El tercero de los sueños y agüeros en que creían. El cuarto era de bautismo y nombres que daban a los niños. El quinto de los ritos y ceremonias que tenían en los matrimonios"  (Historia de los indios de Nueva España).

Sin embargo, el contenido de este libro que se ha salvado, demuestra que, además, había una sección dedicada a los mitos cosmogónicos y otra de carácter mágico o imprecatorio, con conjuros de los naguales.

Como pasó con gran parte de las muestras de la cultura anahuaca, el Teomoshtli fue víctima de la barbarie de los invasores, quienes quemaron cada copia que pudieron conseguir. Su última aparición fue en 1746, cuando Boturini afirmó estar traduciendo al español la copia que poseía. Poco después, tanto el original como su traducción les fueron confiscados por las autoridades coloniales, junto con otros invaluables 200 documentos prehispánicos, y nunca más se supo de su paradero.

A pesar de esta pérdida, el Teomoshtli no desapareció. Yo calculo que, en la actualidad, se conservan al menos tres cuartas partes de su contenido, en forma de fragmentos dispersos, muchos de los cuales permanecen sin traducir y otros están traducidos de una forma tan especializada, que sólo resultan comprensibles a los expertos. Un trabajo de rescate de estas páginas es tarea impostergable hoy para el Templo de la Serpiente Emplumada, en favor de todos aquellos que desean informarse sobre la verdadera espiritualidad del México profundo.